|
ahora aunque no quieras te voy a contar el cuento de pan y pimiento.
Bajo un gran árbol se cobijaban a la sombra un elefante, era éste un animal ya entrado en años, pero todavía no era anciano y un burro joven que dormía a la pata suelta y roncaba como un cerdo. Y junto a éstos dos una rana intentaba, dando saltos, llegar a la charca más cercana. Estaba ésta a unos cien pasos por lo menos. Por lo que la rana tardaría en llegar, según su cálculo, unos doscientos segundos. Así que se detuvo para tomar aliento bajo aquel árbol, que como hemos dicho, daba sombra a un elefante maduro y a un jumento que roncaba como un cerdo. Estos ni se inmutaron por la presencia de la rana, ni siquiera la vieron. Aquella rana era tan pequeña al lado de aquellos que pasaba desapercibida. Ante aquella demostración de indiferencia por parte de elefante y burro, la rana quiso mostrar su presencia y para ello tomó aire e infló su boca que parecía un globo y luego croó estrepitosamente, lo que sonó como un gran eructo. El burro se despertó de sobresalto y el elefante dio un salto que levantó de un tirón su pesado cuerpo. -No seas mal educado- le dijo al burro, y este le respondió-, yo mal educado por qué. -No te hagas el nuevo, si no has sido tú, quién ha debido ser. -Qué yo he hecho qué- respondió asombrado el pollino. -Que has eructado sabiendo que eso es de mala educación y falta de respeto. Y en esa discusión siguieron los dos y la rana siguió sintiéndose ignorada, de hecho es que ninguno de aquellos dos animales reparó en su presencia. Qué fatalidad era para ella aquel gesto de indiferencia. Aunque aquellos dos botarates no lo hacían por maldad sino por que verdaderamente no la habían visto. De haberlo hecho probablemente hubieran actuado de otro modo. No obstante eran políticos y como es sabido a éstos los pierde la audiencia. Así se alejaron aquellos dos que seguían en su discusión sobre quién había eructado, ajenos y además enajenados de la razón, porque de ser dos como eran y ninguno de ellos había sido, no había que ser muy listo para descubrir que había alguien más bajo aquel frondoso árbol. Y si quieres que siga y te cuente el cuento de pan y pimiento dime a quién ves en éste cuento.
|